En Prisión No

Richard Lang

A principios de este año recibí un artículo de un hombre que ha estado en prisión durante más de veinte años. J. Amberchele había leído un ensayo de Douglas Harding, llevado a cabo las instrucciones de este y había visto Quién era realmente.

Las instrucciones de Harding son extraordinariamente claras y eficaces. De hecho, diría que cualquiera que hace sinceramente 'los experimentos' de Harding (como él llama a sus ejercicios de conciencia) - verá Quien es realmente. (¡Es una promesa que vale la pena comprobar!)
Aquí está una extracto del artículo de Amberchele:

"Los ejercicios son increíblemente simples y completamente radicales. El hecho es que son a la vez simples y radicales, así es como diría que son, aunque cuando me tope con ellos por primera vez, en los libros de Harding tuve que reírme, eran tan disparatados. Entonces los entendí, "lo pillé", como dicen ellos, sabía que estaban señalando en la dirección correcta mientras que el resto del mundo no”.

Amberchele compartió estos experimentos con algunos de sus compañeros de presidio. El describe su experiencia tras este taller o 'reunión':
"Regresé a mi celda observando como pasaban las aceras, las alambradas y los edificios, mientras yo permanecía inmóvil, como siempre he estado. Para recordarlo sólo tenía que apuntar con mi dedo al lugar desde donde estoy mirando y necesitar sólo de la imagen de una cara para saber que el final de la confrontación está Aquí. Me dí cuenta de algo más cuando salí de aquella reunión: que todo lo que pasaba deslizándose no era otro que Yo; estaba, por increíble que parezca, caminando a través de Mi mismo, asombrado a cada paso que daba.”

Envié este artículo a través de nuestro boletín de noticias y recibí varias respuestas de gente conmovida por la historia de este hombre. Aquí está una de ellas:

" Tengo que decir que este artículo me encanta y al mismo tiempo me hace llorar. Es probablemente el testimonio más precioso de la disponibilidad y el poder de esta simple Visión que ha llegado a mis manos, tan maravillosamente escrito, directamente de Corazón a Corazón. "

Cuando leí el artículo de Amberchele también estaba sumamente conmovido. Era obvio que este hombre había entendido clara y profundamente. No sólo lo entendió, sino que lo compartía con los demás en el duro ambiente de una prisión. Aún así, no había participado nunca en un taller, nunca había encontrado a nadie más que estuviera también consciente de esta "falta de cabeza". Además el artículo estaba bien escrito, llevando directamente al lector a aquella prisión, a aquel taller, haciéndole entrar en la propia mente y corazón del autor. Cuando hube acabado de leerlo lo dejé en su sitio. "¡Era un artículo asombroso!", pensé. Entonces empecé a dudar de la profundidad y claridad de lo que acababa de leer. "¿Era realmente tan asombroso?" Así que lo cogí y lo leí de nuevo para ver. Quizás había tenido una falsa impresión. Pero no, no la había tenido. Era realmente un escrito extraordinario.

Más tarde ese mismo año, tenía programado dar talleres sobre "La Vía sin Cabeza" cerca de la parte del mundo donde estaba Amberchele, entonces se me ocurrió la idea de visitarle en prisión.

Justo después de este pensamiento vino otro: "Debes estar loco Richard - ir a otro país, a una prisión desconocida para visitar a un hombre que no conoces. Deja las cosas como están."

Al instante recordé un pasaje de Jean Pierre de Caussade, el jesuita francés del siglo dieciocho cuya colección de cartas y ensayos - " Abandono a la Divina Providencia " - es uno de mis libros más preciados. Douglas Harding fue el primero en presentarme a Caussade, a principios de los 70 y a menudo hemos hablado de él con el paso de los años. Me acordé de un párrafo donde Caussade anima al lector a tomar en serio ciertos pensamientos especiales que vienen a la mente de uno de vez en cuando - confiar y obrar de acuerdo a ellos. Bien, aquí parecía estar tal pensamiento. Sentí que se me llamaba para que siguiera con ello hasta el final.

Había también otra consideración en mi mente. ¡Soy alguien a quien le gusta la aventura - bueno, un poco de vez en cuando! (¡Otras veces soy un completo cobarde!) y aquí estaba una invitación a la aventura si alguna vez hubiera habido una! ¿Aceptaría el desafío o me echaría atrás?

Me hice con el número de teléfono del 'centro penitenciario' de Amberchele gracias al servicio de información telefónico, y todavía con algún temor llamé. Después de hablar con varias personas al fin conseguí contactar con el funcionario adecuado. Le dí mi número de pasaporte y otros detalles - por razones de seguridad. Durante la conversación me enteré que las visitas sólo podían hacerse los fines de semana así que cambié mi calendario mientras hablaba, fijé fecha y hora para visitar a Amberchele.

A finales de agosto volé a la ciudad más cercana, alquilé un coche, conduje tres horas por un paisaje desconocido y llegué al centro de recepción de la prisión, justamente después del almuerzo. Se me dieron instrucciones para que dejara en mi coche todo lo que tuviera en mis bolsillos. Todo lo que podía llevar encima era una tarjeta de plástico, que me dieron en recepción, para comprar bebidas en la prisión, un documento que me autorizaba a visitar al prisionero y un disco de metal que había cambiando por las llaves de mi coche. Esperé un rato, entonces me llevaron en autobús con varios visitantes más, a uno de los bloques de la prisión. Después de firmar el libro de entradas y salidas fui hacia unas puertas corredizas - la puerta que estaba detrás de mí tenía que cerrarse antes de que la segunda se abriera - entonces me encontré delante de lo que allí llamaban 'la cafetería'. Había docenas de pequeñas mesas donde los prisioneros - todos hombres vestidos de azul - se sentaban con sus familias y amigos. Había máquinas de refrescos a lo largo de la pared. Me acerqué a una mesa donde dos funcionarias de prisión estaban sentadas observando la escena, entonces me identifique. Me llevaron hasta un mesa numerada donde me senté para esperar, mientras J. Amberchele era traido desde su celda. (Este es su seudónimo, no su nombre verdadero).

Esperé quizás un cuarto de hora. La escena en aquella sala era extraña - extraña al menos para mí. Los prisioneros se sentaban con sus mujeres, novias, madres y padres, niños. Charlaban, bebían sodas, jugaban a las cartas. Todavía, mientras miraba alrededor, no podía sino imaginar algunos de los sentimientos que debían estar pasando bajo la superficie. Había quizás treinta o más prisioneros presentes con sus visitas. En el otro extremo de la sala había una puerta metálica la cual, averigüe, conducía al resto de la prisión. De vez en cuando un preso pasaba por esta puerta a la cafetería y yo me preguntaba si ese sería J. Amberchele. Esto sucedió varias veces, pero los hombres no me prestaban atención sino que se acercaban a las mesas de las otras visitas. Un par de veces, tengo que decir, estuve aliviado de ver que no era Amberchele, sintiendo diferencias profundas entre nuestros punto de vista. ¿Pero quién sabe? Esto era una primera impresión superficial. Me dí cuenta que estaba juzgando y traté de relajarme, preparándome para estar con quienquiera que viniese y se sentara conmigo. Entonces llegó otro hombre, habló con las dos funcionarias de la prisión, miró en dirección a mi mesa y se acercó. Era 'J'.

Inmediatamente me sentí a gusto con él. Era un hombre de aproximadamente sesenta años, canoso y de cara amable y franca. Me puse de pie, nos dimos la mano y me senté con él en la pequeña mesa cuadrada.

Empezamos a charlar de cosas sin importancia pero pronto nos pusimos a hablar de lo que realmente nos interesaba a ambos - Quiénes somos realmente.

Apenas dejamos de hablar durante la hora y media que estuve allí.

En un momento dado nos acercamos a las máquinas de las bebidas y nos trajimos un par de zumos de fruta.

"¡Ah, esto sabe bien!", exclamó mientras ponía la botella de nuevo en la mesa. Resultó que los internos sólo podía conseguir leche o café en la prisión, así que esta bebida era algo especial para él.

Le pregunté cuanto tiempo estaría en la prisión.

"Probablemente el resto de mi vida".

Y aún así durante todo el tiempo que duró nuestra reunión no detecté ninguna señal de autocompasión en él. De hecho, era totalmente al contrario - había bastante alegría y paz.

Durante nuestro tiempo juntos noté dos o tres veces como los ojos de J. se llenaban de lágrimas. Sí, estaba conmovido con mi presencia allí en aquella sala- por el hecho de que me había tomado la molestia de viajar muchas millas para visitarle.

"¿Pero de todos modos tenías que venir a esta parte del país?"

"No. Vine expresamente para verte."

Cuando hube leído su artículo había sido como si Dios - quien es mi más íntimo yo y aún así completamente otro más allá de mí - era como si Dios misteriosamente me llamara desde allí, en aquella prisión. Sentía que era llamado por otro que aún así era yo mismo; quería encontrar esa parte de mí en él. Era curioso ver quien era. Quería hablar sobre lo que suponía que era tan precioso tanto para él como para mi.

También sé lo maravilloso que es tener amigos que valoran este vía directa a Casa - 'La Vía de Harding' como así lo llama J. en su artículo. No sólo quise tener otro amigo "sin cabeza" sino que también quería que el tuviese un amigo "sin cabeza". La amistad entre las personas que ven su "falta de cabeza" es más profunda de lo que las palabras puedan decir. Estás conscientemente compartiendo ese ser indivisible. Es maravilloso y asombroso. Sois dos y aún así sois uno. Qué misterio. Entonces cuando estais separados todavía puedes ver - y ser - el ser del 'otro' - exactamente donde estás.

Los amigos a menudo nos pueden inspirar y enseñar - cuando estamos dispuestos a mirar y escuchar. Supongo que una de las razones por la que Dios creó 'otros' - es para explorar de tantos modos como sea posible el increíble milagro del Ser. Y cuando hay 'otros' - quienes son todavía al mismo tiempo 'Uno mismo' - entonces el amor llega a ser posible, de una manera que no sería si hubiera quedado para siempre uno solo.

Pero J. no solamente estaba conmovido por el hecho de que me había tomado la molestia de visitarlo sino también por la belleza y la profundidad infinita de lo que estamos compartiendo.

El también estaba asombrado, como también lo estoy yo, por lo fácil que es ver la 'no cara' de uno. "¡Es tan sencillo!" exclamó. "¡Supongo que tenía que ser así de fácil!"

Encuentro maravilloso poder tener un lenguaje que describa el ver quien eres realmente en términos fisicos directos. Sentados allí juntos, hablamos de forma relajada sobre estar 'cara a no-cara', de mirar desde nuestro 'ojo único', de ser 'capacidad' para la prisión, de estar quieto mientras los lugares y la gente llegan y desaparecen en la quietud de uno. Estabamos de acuerdo en lo asombroso que es ser capaz fisicamente de señalar con el dedo a lo Que uno es realmente. ¡Quién habría pensado que uno podría señalar a Dios!

Nos deleitamos juntos en el misterio y la imposibilidad del Ser creándose a sí mismo. !Nos quedamos sin habla! - momentáneamente - como cuando reconocimos que el autoorigen de la Fuente está en el propio logro presente de cada uno, aquí y ahora. ¡La creación de uno nada menos, sin tener ni idea de cómo uno lo hace! ¡Sin ninguna preparación posible o intención! !Esta escena en la cafetería de la prisión -bueno, esto era un desbordamiento precioso del ser divino de uno! ¡Qué creativo es uno!

¡Asombroso!

¡Imposible!

Desde el punto de vista de todos los demás, en aquella cafetería, nosotros eramos dos hombres que estaban hablabando juntos. Y aún así cada uno de nosotros era plenamente consciente de ser Dios, conscientes de contener la cafetería y todas las 'otras' personas que había en ella. Estabamos descubriendo que nosotros éramos la Fuente de todo ello. Y desde esta Fuente indivisible explorábamos y disfrutábamos de dos únicas vistas de aquella sala y el mundo.

J. mencionó que él normalmente no escribía. Su artículo 'La Vía de Harding ' había surgido espontáneamente cuando un día se sentó y se puso a escribir. Aún así, tras este acto no premeditado había surgido el contacto entre ambos. Había enviado su artículo a muchas personas - más de mil - y lo había colocado en lo alto de la lista de artículos de nuestra página web - disponible para la toda la comunidad que estuviese conectada a internet. A través de este despliegue de acontecimientos él había conmovido a muchas personas - gente por todas partes de los que él no era consciente. Y ahora, como resultado de todo esto, estaba allí sentado delante de él. ¡Nunca sabemos lo que nos puede pasar! No estamos personalmente a cargo de ello.

O quizás, como el difunto sabio indio Anandamayi Ma dijo: "Todas las cosas son bien llevadas desde Aquí."

¡Bien llevadas de verdad! ¡Sin que la Dirección tenga ni idea en absoluto de como lo hace!

A las cuatro y media se hizo un comunicado por los altavoces - era hora de que las visitas saliesen. Después de unas últimas palabras con J. me levanté y le dí la mano. Entonces nos abrazamos el uno al otro.

Me uní a las otras visitas que salían. Nos agolpamos en la pequeña sala entre las puertas correderas. A través de una ventana podíamos ver a los prisioneros que ahora estaban solos en la cafetería, sentados allí, esperando antes de que se les permitiera salir - no a través de la puerta por la que nosotros habíamos pasado sino por la puerta metálica en el otro extremos de la sala. Era una escena desgarradora, para sus mujeres y familias, y para mí. Divisé entonces a J. aunque estaba sentado entre los demás prisioneros estaba solo, tranquilamente mirando hacia abajo. Estoy seguro que él estaba viendo Quién era realmente.

Yo también.

Creo que ambos estabamos conmovidos por nuestro encuentro.

Entonces salí de la prisión, me metí en el autobús con los demás visitantes, recogí las llaves de mi coche en el centro de recepción, y me alejé de la prisión.

Era libre de marcharme.

J. no.

Aún así ambos eramos conscientes de la libertad de nuestra verdadera indentidad.

Tras visitar a J. viajé a otras ciudades y otros países dando talleres sobre Ver Quien Eres Realmente - como había estado haciendo durante el mes antes de mi visita a J. De vez en cuando compartí con amigos y participantes de los talleres la historia del artículo de J. y mi encuentro posterior con él. J. me había inspirado, y se lo dejé saber a la gente. Qué vida tan dura había tenido - y todavía tiene. Y aún así allí está, viendo Quien es realmente. ¿Quién habría imaginado que habría llegado a Esto después de los altibajos de su vida? ¡Llegar a esta Libertad y Gloria! ¡Llegar a ver que él no está en la prisión! - ¡La prisión está en él!

No creo que J. se hubiera podido imaginar encontrar esta libertad. ¿Pero quién puede? ¿Cómo puede uno imaginar alguna vez Esto? Es imposible preveer esta infinidad - solamente es posible Verlo aquí y ahora. Incluso ahora supongo que le parece increíble. Aún así estoy en el mismo barco - ver Quien Soy me parece increíble.

La historia de J. es estimulante también para otros. Sé que ha tocado el corazón de Douglas Harding. Douglas, a sus 94 años, en el encuentro de verano de este año en Inglaterra, leyó en voz alta todo el artículo de J - tan impresionado estaba por lo que había encontrado allí. Cuando al final del verano volví a Inglaterra después de mis viajes, llamé por teléfono a Douglas. Quería saber urgentemente sobre mi encuentro con J. Más personas habían preguntado también. Cuando les hablé sobre J. y el valor que le da a la Visión, estuvieron conmovidos con asombro y admiración.

Poco después de llegar a casa en Londres, tras mis viajes alrededor del mundo, recibí una carta de J. Aquí están los dos primeros párrafos:

"Querido Richard,

¡Primero, déjame decir que fue un gran placer haberte conocido! Tu visita hizo que me arraigara más en la práctica de la Visión. Sé que estoy Solo en esto, pero de todas formas es agradable no estarlo - allí estabas tú, sentado enfrente de mí rebosante de esa Visión. ¡Qué maravilla!

Desde tu visita, he compartido el experimento de señalar con otro amigo, inmediatamente "lo pilló". No estoy seguro lo que hará con el, pero ciertamente le sobresaltó. ¡Era más bien para quitarse el sombrero! No dejé de pensar sobre lo que dijiste sobre el despertar de Dios."

En su libro 'El juicio del hombre que dijo que era Dios', Douglas Harding escribía sobre un carácter de ficción encarcelado, mientras se enfrentaba a la acusación de blasfemia. En aquella época - en la novela - la blasfemia era un delito capital. Para todos sus acusadores el acusado aparece desde luego como un hombre - un hombre que falsamente declara que él es Dios. Pero el acusado señala que cuando él presta atención a lo que él es para sí mismo - como la Primera Persona del Presente Singular - él no es un hombre, él es Dios. Entre los muchos testigos llamados a testificar en su contra está su carcelero que confirma al fiscal que él ha visto a el acusado 'en prisión. Si el acusado fuera realmente Dios, como afirma que es, entonces - el carcelero estaría de acuerdo - nadie sería capaz de contenerle dentro de las cuatro paredes de su celda. Ya que Dios es ilimitado. Obviamente - como tercera persona - el prisionero está de verdad encarcelado dentro de su celda. Pero en su defensa el prisionero muestra al tribunal un dibujo que prueba Quien es realmente - la Primera Persona del Presente Singular - él no está en aquella celda de la prisión: la celda de la prisión está en él. Como se ve en el dibujo, el Prisionero no está contenido dentro de su celda - falta la pared más cercana. El Uno Ilimitado, Transparente, Espacioso, en este extremo de la celda no está en prisión. Incontenible, se ha escapado - incluso antes de que haya sido encarcelado. éste Uno - y este Uno solo - es absoluta e incondicionalmente libre.

Mi amigo en prisión disfruta de esta Libertad incondicional.

¿Y tú?

Espero que sí.

Señala a tu 'no-cara' y verás esta Libertad. Sigue prestando atención a esta Libertad y una bendición tras otra caerán sobre tí - por siempre jamás - Sin condiciones.

El artículo de J.Amberchele, 'La Vía de Harding', está en nuestra página web www.headless.org en la sección de artículos. También encontrarás algunos de los experimentos en la misma página web. ¡Pruébalos!

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