Douglas Harding y El Universo Viviente

por Richard Lang

Douglas Harding, nacido en Suffolk en 1909, autor de muchos libros, cada vez es más conocido como filósofo y práctico maestro espiritual. Su trabajo original, "La Jerarquía del Cielo y La Tierra” (Un Nuevo Diagrama del Hombre en el Universo), "The Hierarchy of Heaven and Earth (A New Diagram of Man in the Universe)", con prefacio de C.S. Lewis que escribió: 'Creo que este libro es el primer intento de invertir un movimiento de pensamiento que ha estado presente desde el principio de filosofía.' Y añade: 'Si resultase que este libro hubiera sido incluso el remoto antepasado de algún sistema que nos diera de nuevo un universo habitado por agentes y observadores verosímiles, aún así habrá sido un libro muy importante de verdad'.

Este artículo narra el desarrollo de la filosofía de Harding, explorándola tanto en su propio viaje personal como en el contexto más amplio de la evolución de cosmologías. Después haré una breve reflexión sobre las implicaciones de este nuevo punto de vista en lo que se refiere a la compresión de la naturaleza de la mente y la naturaleza de la salud psicológica.

Douglas Harding fue educado dentro de los confines de los Exclusivos Hermanos de Plymouth, una estricta secta fundamentalista cristiana. A los 21 años se marchó, causando un gran revuelto entre los Hermanos ya que había dejado un ensayo donde ponía en duda que ellos fueran los únicos dueños de la Verdad. (Su padre, un hombre verdaderamente espiritual, le suplicó que se quedase pero fracasó al no poder ejercer influencia sobre su decidido hijo).

Harding habia empezado a trabajar como arquitecto en Londres - era 1930 -, leyendo en su tiempo libre, comenzó a desarrollar su propia filosofía. Tenía curiosidad sobre su identidad. ¿Quién era él? La filosofía de aquel entonces comenzaba a estar influenciada por las ideas de Einstein sobre la Relatividad. Harding reconoció que su identidad en el mundo dependía en parte de la distancia del observador y era relativa dependiendo desde donde se la mirase. A la distancia de unos centímetros él era claramente humano, pero a una distancia más cercana era una comunidad de células. Trabajando en la ciudad de Londres, era también consciente de ser parte de un organismo más grande o cuerpo, la ciudad. Se dió cuenta que no podía detenerse en el límite de su piel. La ciudad, aunque convencionalmente asumida como externa, era tan parte de él como lo era su cuerpo o sus células. Al igual que no podría existir sin órganos o sin las células de esos órganos, él tampoco podría existir sin su entorno o ambiente. A finales de los años 30 Harding se encontraba en la India practicando arquitectura era la época de la Depresión y se hizo difícil encontrar trabajo en Inglaterra. Cuando estalló la guerra entró en servicio en el ejército como ingeniero. Esto sólo sirvió para intensificar su búsqueda, ya que con el avance Japonés a través de Birmania su vida estaba en serio peligro. Quería saber quién era antes de morir.

Hacia 1942 (con 33 años) Harding había expuesto a grandes rasgos las capas de su identidad en el mundo: células a una distancia cercana, moléculas aún más cerca, un hombre a varios centímetros, más alejado humanidad, más allá un planeta etcétera. ¿Pero cómo era el centro y la fuente de este sistema de apariencias que se asemejaba a una cebolla? Seguramente no era como un hombre. Un día estaba leyendo un libro sobre filosofía y encontró un autorretrato hecho por el filósofo alemán Ernst Mach. No era un autorretrato convencional dibujado desde un espejo - una vista de uno mismo a varios centímetros de distancia. Era la visión que Mach tenía de él mismo a distancia cero, desde el punto de vista de la primera persona. El autorretrato mostraba las piernas de Mach apuntando hacia lo alto de la ilustración, más abajo estaban sus manos con el papel y el lápiz, debajo de esto estaba su pecho, y abajo a un lado del dibujo su nariz, extendiendose prácticamente desde el techo hasta el suelo. Este dibujo era la pista que despertó Harding a su identidad en el centro - por fin cayó en la cuenta (¡Y sigue cayendo, como el dice!) Al igual que Mach, cuando se fijó en la regiones más cercanas de su mundo él vió su cuerpo, y más allá la escena circundante. Pero lo que llamó la atención de Harding fue la ausencia de la cabeza de Mach en la ilustración o la propia cabeza de Harding cuando se miraba a sí mismo. Echando un vistazo más allá de su borrosa nariz no había nada - ninguna cabeza en el centro, ninguna cara, ninguna forma, ningún color, movimiento o fronteras, ninguna materialidad, ningún alma - nada en absoluto. Aún así esta Nada era evidentemente consciente - consciente de sí y consciente de lo que contenía: su cuerpo, sus pensamientos y sentimientos, su mundo.

Harding sabía que había tenido mucha suerte. Las semanas y los meses siguientes las pasó metido en una actividad febril anotando un diluvio de ideas y diagramas. Se levantaba a mitad de la noche, decidido a registrar todo lo que fluía a través de él. Esta simple percepción y visión directa en su identidad esencial, hizo que de pronto todo lo que había estado leyendo y pensado cobrase sentido. Pronto se dio cuenta de que si quería presentar esta nueva percepción al mundo de manera seria, necesitaría saber mucho más de ciencia, de historia, de psicología, de filosofía de literatura. Necesitaba autoeducarse. De regreso a Inglaterra, tras la guerra, se tomó un año libre de la arquitectura para estudiar, para reunir todas sus ideas juntas en un libro. Bueno, un año libre que se convirtieron en dos, en cinco ¡y en más! Trabajaba catorce horas al día sin vacaciones. Cuando por fin hubo terminado envió el manuscrito a C.S. Lewis. Lewis contestó con tonos extasiados: ' ¡Demonios! usted me ha embriagado hasta el extremo, como nunca lo había estado antes con un libro (con un libro de doctrina quiero decir; los trabajos imaginarios son otro asunto) desde que leí por primera vez a Bergson durante la Primera Guerra Mundial. ¿Quién o qué eres? ¿Cómo es que he vivido cuarenta años sin haber oído antes de tí? la sensación que tengo es que usted ha escrito un libro de la más alta genialidad. “La Jerarquía del Cielo y la Tierra” fue publicada por Faber&Faber en 1952. Aunque hasta ahora esta obra es poco conocida, personalmente pienso que puede llegar a colocarse entre uno de los mayores trabajos de filosofía del siglo XX. La versión publicada es sólo un resumen del manuscrito original, el cual consta de 800 enormes páginas con diagramas, citas y referencias en el margen de cada página. Es verdaderamente una obra maestra.

Pero Harding no se detuvo aquí. Unos años más tarde en su ya pequeño clásico "Vivir sin Cabeza" presenta de forma fácilmente leíble la experiencia y el significado de este descabezamiento o decapitación. Harding describe en este libro el momento en que descubrió quien era realmente. Cuenta que estaba caminando en los Himalayas. Si hablas con él dirá que sí, que él vió esto cuando estaba caminando allí fuera, y que disfrutaba de su naturaleza verdadera que estaba siendo llenada por esas majestuosas montañas, pero no era realmente la primera vez, ¡Excepto porque cada vez que uno ve en la naturaleza verdadera de uno es la primera vez! Era una forma popular de compartir su experiencia.

Desde los años 60 Harding y sus amigos habían inventado y desarrollado experimentos que despiertan a la gente a lo que es su verdadera naturaleza. Además de seguir escribiendo, Harding a sus 88 años sigue viajando por el mundo dando talleres.

Los Exclusivos Hermanos de Plymouth han tenido un efecto profundo sobre la vida de Harding. En cierto sentido, Harding no se ha apartado en absoluto de las raíces de su fe de niñez. Quizás él es tan fundamentalista como su padre. Él dio una vuelta a su atención y despertó al fondo de su ser. Este fondo es, en el sentido estricto de la palabra, indescriptible, aún así es totalmente accesible y autovalidable, no necesitando de ninguna mediación externa o confirmación. Harding argumenta que el acceso al conocimiento del ser no es propiedad de ninguna religión o clero. Es el derecho de nacimiento de todo el mundo, es una cosa sobre la cual cada uno de nosotros tiene realmente la autoridad. En este sentido fue más allá que los Hermanos.

La vida y la obra de Harding ha unido ciencia y religión. Claramente era - y es - un hombre profundamente religioso y espiritual. Está en sus genes, en su familia. El cristianismo impresionó profundamente al jóven Harding. Aún así su búsqueda también ha sido científica. La evidencia de los sentidos ha sido su primera guía, no la creencia heredada. La ciencia moderna surge hacia el final de la Edad Media, en parte como una reacción al pensamiento especulativo de los Escolásticos. ¡Estos pensadores una vez debatieron sobre cuántos ángeles podría caber en la punta de un alfiler! No confiaban lo suficiente en sus sentidos como para mirar, las escrituras eran su autoridad. Esto llevó a Galileo y a otros científicos a desafiar el dogma de Iglesia llevando a cabo experimentos. ¡Si usted quiere saber si una piedra grande cae a una razón diferente que una pequeña, arroje ambas desde la Torre de Pisa al mismo tiempo y observe! Este es el espíritu de la ciencia moderna en acción, confiar en tus sentidos. No especules solamente, experimenta. No pienses solamente, mira. En su búsqueda por el conocimiento la ciencia observa las cosas, quitando capa tras capa para mirar siempre más de cerca, y volviendo a montarlas para conseguir puntos de vista más distantes.

Harding se unió a esta búsqueda científica, basada en el sentido, para conocer el mundo. Pero él hizo algo extra: incluyó el mirar directamente a ese pedacito de mundo que era él mismo. Esto no era un pensamiento lateral sino un mirar vertical. él giró la flecha de su atención a 180 grados, pasando de observar las cosas y sus relaciones de ahí fuera a una distancia, a observarlas a distancia cero. Aplicando el espíritu y el método de ciencia a él mismo en el centro, encontró que estaba vacío para todas las cosas, vacío de cosas, vacío de mente. Para otros él era un sistema de apariencias de muchas capas rodeándose de un misterio inaccesible, pero para él él era ese misterio, esa raíz invisible por la cual el universo crece.

De esta manera Harding descubrió un universo muy diferente de nuestra versión de sentido común. Esta, influenciada por la descripción de Newton de los objetos actuando sobre objetos, tiene poco o ningún espacio para la conciencia o subjetividad. Es un cosmos sin centro y en gran parte muerto con puntos de conciencia aquí y allí (en realidad indetectables cuando se investiga.) Ahora Harding se encontraba a sí mismo observando el mundo tal y como realmente se presentaba - dispuesto y ordenado en capas, como una cebolla, y rodeado de conciencia. Haciéndonos eco del cosmos precientífico medieval de Dante con sus 'esferas', o el cosmos Isabelino con su 'cadena de ser', el universo científico que se revelaba a Harding estaba organizado jerárquicamente - cuanto más lejana estaba la capa del centro más alta era su posición. Mirando hacia el interior (falta de cabeza) vió su cuerpo emergiendo de su conciencia central. Mirando hacia fuera veía gente, casas, el resto de la escena humana. Mirando todavía más allá veía cuerpos planetarios, solares y galácticos. Y aunque la idea de un centro implica un punto, la inspección revela que esta conciencia central está en todas partes, inundando cada nivel del universo con vida.

Muchas implicaciones se pueden sacar de este despertar. Generalmente creeemos que nuestras mentes están en alguna parte en nuestras cabezas, separadas del mundo. Pero la inspección, al modo en que Harding aboga, revela que no hay ningún contenedor central. Nuestros pensamientos y sentimientos, parecen estar de esta manera sin contención, volando y revistiendo el universo. El universo les da positivamente la bienvenida. La mente de uno está de nuevo libre en el mundo, como cuando lo estaba en la niñez (pero ahora con la perspectiva de esta autoconciencia). Esto supone un alivio profundo, para el problema fundamental con nuestras mentes, que es simplemente el intento de embotellarlas en nuestro cuartel general imaginario, a saber, nuestras cabezas. Realmente pertenecen al mundo. Dejando que nuestras mentes vuelvan a casa (y tienen muchas ganas de ir) dejamos de pretender que estamos separados de nuestro mundo. Esto implica una profunda y amplia sanación.

Hasta aquí sólo hemos hablado de algunos de los descubrimientos e implicaciones que fluyen de manera natural de la visión de la naturaleza del ser. Por supuesto otras personas descubrirán cosas diferentes pero todos estos descubrimientos derivan del mismo terreno fértil: quien somos realmente. Aunque las lámparas sean muchas la luz es una. Este es el quid del asunto, un poco lo principal - un poco que al fin y al cabo no es sólo un poco sino la infinita nada inteligente, la fuente del universo viviente.

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