La Vía de Harding

Por J. C. Amberchele

Cualquier idea que he tenido sobre como funcionan las cosas en este mundo no me ha llevado lejos, considerando que he pasado más de veinte años en prisión. La mayor parte de mis creencias las adquirí de mi padre y de John Wayne, cualquier cosa que no fuera en extremo ruda y descarada me resultaba en extremo embarazosa. De hecho, vivía en un estado de continuo desconcierto, nunca estando a la altura de las ridículas normas que había aceptado sin haberlas cuestionado, aplicadas a un marco de expectativas que ni yo ni nadie podían satisfacer: cómo debía actuar, cómo debían tratarme los demás, o de otra manera, cómo la gente tenía que comportarse en mi presencia; como los días, los meses y los años debían revelarse en mi favor.

No hace falta decir que llegué a convertirme en la imagen ideal de los controladores de todo el mundo. Y como todo controlador, bajo una fachada de fuerza refinada, tenía una sensación de vacío y condena, siempre librando una batalla entre lo que pensaba que debería ser y lo que era. En esta confusión, me autodestruía una y otra vez, arrastrando a otros conmigo.

Y entonces hace unos años, ya bien entrado en esta condena en prisión, por casualidad ví una entrevista en PBS con Bill Moyers a Joseph Campbell, y decidí intentar hacer meditación. Fue difícil al principio, con la multitud, el ruido y la rutina en el bloque de celdas, pero pronto descubrí que durante la meditación tenía pocas expectativas, de mi mismo o de los demás, como si no hubiera otros. Era un lugar sin estándares, sin desconciertos, un refugio donde ya no tenía que afirmar mi voluntad equivocada. Y excepto por los raros vislumbres con drogas o durante momentos de estrés por riesgo de perder la vida en mi larga carrera criminal, fue la primera vez que genuinamente había notado mi ser, me había dado cuenta de esa atención desnuda de "Yo Soy" en el centro de mi conciencia que, ahora obvio, siempre había estado ahí.

El misterio, desde entonces, se convirtió en la pregunta de cómo este "YO" se había originado y desde dónde seguía brotando. El viejo modo de pensar, que yo podía ser una conciencia separada, en un cuerpo y mente separados, era demasiado dolorosa para aceptarla. Este era el modo en que había sido enseñado, el modo de mi padre y de todos aquellos por quien yo me había medido; este era el camino de la contracción y confrontación, y de la automortificación sin fin. Tenía que haber otra explicación.

Esto me llevó a seis años de lectura obsesiva. Quise investigar el presentimiento tácito que había tenido desde mis días de LSD en los años sesenta, que se había manifestado previamente como miedo, y que había sido resucitado durante la entrevista de Campbell: a saber, que todas las principals religiones llevaban en su raíz un mensaje idéntico, tan claro y tan básico que las palabras eran innecesarias para su realización. Sospechaba que mi percepción del mundo y mi supuesto lugar en él era ilusorio, que la realidad no era lo que yo y la mayoría de todo el mundo pensaba. Era como si el género humano fuese el destinatario de un engaño que el universo hubiese conspirado jugarse a si mismo. Era claro que mi vida hasta entonces había sido una lucha contra la revelación de este conocimiento, aferrándose a las mentiras que me habían sido pasadas, huyendo y golpeando para evitar la verdad.

Leí textos budistas. Leí a Gurdjieff y Ouspensky. Leí todo lo que pude encontrar sobre los místicos Cristianos. Devoré a Hafiz y Rumi, luego me lancé a la obra de los grandes sabios Indios. Encontré a Wei Wu Wei, luego retorné al Budismo donde investigue durante un largo trecho. Estaba decidido a decifrar esto, el misterio fundamental.

Entonces un día leí un artículo de Douglas Harding sobre su supuesta "sin cabeza" y algo se disparó en mi interior. Ver Quién somos, como Harding señalaba, era elemental, tan fácil que lo pasamos por alto, a falta de reconocerlo erigimos estructuras filosóficas y religiosas de proporciones monumentales, ocultándolo de este modo aún más. Y todo el tiempo está Aquí mismo, más cerca que cerca.

En este momento pensé en la vieja historia Sufí de un sumamente agitado Mullah Nasrudin cabalgando hacia la ciudad, gritando que había perdido a su burro, hasta que le indicaron que estaba sentado sobre él.

El mensaje era claro: "No podemos verlo porque somos Ello," y las implicaciones eran demoledoras para la mente. Ilusorio - el término que había usado para describir mi dudosa percepción del mundo - de repente pareció quedarse corto. ¡No sólo era ilusorio, era cien por ciento al revés! Ya no estaba más en el universo; si acaso, el universo estaba en mí, incluyendo cualquier concepto que tenía de un supuesto "yo", cuerpo y mente. Yo era, como Harding había dicho, "Espacio" para que el mundo apareciese en él. ¡Espacio que participaba activamente en la creación de ese mismo mundo! ¡Esto era asombroso!

Permanecer en ello era otro asunto. Como todos los demás, había sido condicionado a pensar en mi mismo como un individuo separado con una conciencia separada, una conciencia que misteriosamente emanaba de una material esponjoso dentro de mi cabeza. Harding estaba revelando lo contrario, tal como ahora me doy cuenta lo hacían también todos los demás, incluyendo a los fundadores de las grandes religiones. Y como sus seguidores, yo era incapaz de permanecer abierto; no podía evitar volver a los engaños que me habían enseñado de niño. Era como si estuviese atrapado dentro de mi propia cabeza.

Sin duda, la lucha estaba en marcha. Era claro: podía sentarme con mis piernas cruzadas toda una vida, podía vivir solo en una cueva en una montaña en el Tíbet, podía entrenarme en cada linaje en cada tradición, y todavía salir con la posición incorrecta, todavía podría verme como un sujeto separado viendo objetos. Quise dejar la mentira y volver a la verdad, ahora. La agonía era que seguía olvidándome. ¿Cómo hacer el cambio?

Nunca he podido responder esa pregunta, excepto que quizás no hay ningún modo de hacer el cambio. Luchar sólo parece reforzar el malentendido. La idea Budista que el nirvana y el samsara son idénticos, es la llave, por supuesto, pero yo quería vivirlo, no pensarlo.

Entonces algo sucedió durante una de nuestras casuales reuniones Budistas aquí en la prisión. Hay mil quinientos hombres en estas instalaciones, y sólo nueve de nosotros nos hemos declarado budistas, y de esos, una media docena se habían presentado. Suficiente, sin embargo, para un poquito de magia.

Habíamos finalizado un corto periodo de meditación, y uno de los hombres había comenzado una discusión sobre el significado de "vacío", que siempre tenía el efecto de causar problemas: exaltación de los interlocutores, y como esto es una prisión, podría terminar a golpes. Mejor volver a la meditación, sigue la respiración, pensé, sin embargo nadie estaba de humor. La discusión continuó, pensé marcharme, pero entonces recordé las palabras de Harding sobre este Espacio Aquí, Capacidad incluso para la discusión, y recordé los ejercicios.

Los ejercicios son increíblemente simples y al mismo tiempo radicales. El hecho de que son a la vez simples y radicales, es lo que me hace saber que son efectivos, aunque cuando me tope con ellos por primera vez en los libros de Harding tuve que reírme, eran tan disparatados. Entonces los entendí, "lo pillé", como dicen ellos, sabía que estaban señalando en la dirección correcta mientras que el resto del mundo no.

Entonces me levanté, los demás me miraron; comencé la meditación en movimiento, andando alrededor de nuestro pequeño círculo de sillas, y pronto los demás se me unieron. La idea es no decir ni una palabra, mantener tus pensamientos al mínimo, enfocando tu atención a las sensaciones de tus pies mientras caminas, pero esta vez pedí a todos que olvidaran todo lo que alguna vez les había sido enseñado, todo, como si hubiesen acabado de nacer en esta habitación y se encontrasen con que todo es nuevo y desconcocido. Les pedí que llevasen su atención al Ahora, y al Ahora, y al Ahora, como si pasado y futuro fueran pensamientos que no pudieran ser pensados. Recordé el relato de Harding sobre su viaje en coche, observando como los postes telefónicos se deslizaban a los lados mientras él permanecía inmóvil, entonces pedí a cada uno hacer lo mismo, por ejemplo, pretendiendo que era la alfombra la que se movía, no ellos, mirar como las paredes y las sillas se deslizaban, la habitación se balanceaba salvajemente mientras ellos daban vueltas.

Esto provocó unas cuantas risitas. Después de un minuto o dos, nos sentamos otra vez y pedí al grupo que señalara al techo, que prestasen atención a lo que sus manos y dedos estaban señalando, en este caso las baldosas del techo y las instalaciones de la lámpara. Entonces uno tras otro, señalamos a la pared, al suelo, a nuestro regazo, nuestro pecho, fijándonos cada vez, que esto era un objeto (nuestra mano) señalando a otros objetos, con sus diversas cualidades descriptivas. Por fin señalamos al lugar desde el cual miramos, entonces repetí las preguntas que Harding siempre hacía: "Si dejas a un lado tu condicionamiento, dejas todo lo que alguna vez has aprendido y procedes sólo con la evidencia presente, ¿Qué es eso que ahora señalas?: ¿es un objeto opaco, redondo, separado, sólido, que se relaciona con esas cosas de ahí fuera? ¿o más bien estás apuntando a el Espacio para esas cosas, Capacidad? ¿no es este Espacio ilimitado, inmaculado y totalmente transparente? ¿no es Capacidad ilimitada para percibir la habitación y lo que estás mirando? ¿No está despierta, y encuentras ese Despertar en ninguna parte del mundo excepto Aquí?

Nadie dijo ni una palabra. No teníamos ningún espejo ni ninguna cartulina con agujeros o bolsas de papel para los otros ejercicios. Antes de que todos ellos saltaran sobre mí, me figuré que podíamos tratar con la confrontación - algo con lo que los prisioneros estamos familiarizados - emparejándonos y sentándonos uno delante del otro. Los experimentos del "cara a no-cara" de Harding supone que tienes que tener una bolsa normal de supermercado con el fondo cortado, así que los dos extremos estén abiertos. Uno coloca al final del extremo su cara y el otro hace lo mismo en el otro extremo. La idea generalmente aceptada es que la parejas están confrontándose la una a la otra dentro de la bolsa, cara a cara. Esta es la forma normal en que nos relacionamos con los demás. Pero la pregunta de Harding se revela distinta: "Olvidando todo lo que alguna vez te han dicho, y sólo basándote en la evidencia presente ¿Cuántas caras exactamente aparecen? ¿estás cara a cara, o es cara allí y Espacio Aquí? ¿Estás confrontando a esa persona, o es Capacidad aquí para la otra persona allí? ¿No es cierto que no tienes nada aquí, ni siquiera una astilla, con la cual mantener esa persona fuera? ¿No eres ilimitado, transparente, vacío en este extremo y al mismo tiempo no estás siendo llenado con la persona que tienes delante de ti, así que en cierto modo tú has muerto en este extremo y has sido resucitado como la persona allí? ¿No estamos construidos de esta manera, para morir en favor de los otros? ¿No es esta la base del amor?"

Bueno, te puedes imaginar lo que esperaba de mi compañeros de presidio, sin embargo me sorprendieron. Lo que oí fue, "¡Caray!" y carcajadas y más "¡Caray!" No sé si lo pillaron, pero algo sucedió en esa habitación, igual sólo a mí, o debería decir, al Espacio de este extremo, la Capacidad que siempre está Aquí, siempre llena con lo que está ahí fuera. Salí de aquella reunión sabiendo, con la certeza de la experiencia, que Quien era Realmente está siempre disponible, siempre a un ejercicio de distancia.

Así que regresé a mi celda observando como pasaban las aceras, las alambradas y los edificios, mientras yo permanecía inmóvil, como siempre he estado. Para recordarlo sólo tenía que apuntar con mi dedo al lugar desde donde estoy mirando y necesitar sólo de la imagen de una cara para saber que el final de la confrontación está Aquí. Me dí cuenta de algo más cuando salí de aquella reunión: que todo lo que pasaba deslizándose no era otro que quien soy Yo; estaba, por increíble que parezca, caminando a través de Mi mismo, asombrado a cada paso que daba.

Quiero dar las gracias a Douglas Harding. Estoy agradecido por su sabiduría, que es, desde luego, mi sabiduría y la sabiduría de todo el mundo, tanto si nos damos cuenta de ello como si no. Estoy agradecido por todo lo que da vueltas y pasa y se presenta a sí mismo, y por todos los rostros en cuyo favor estoy construido para desaparecer. Incluida esa curiosa cara, ahí fuera en el espejo.

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